Artículo de opinión de Chiqui Barros, entrenador de baloncesto, actualmente en el Bembibre de LF2.
Proseguimos con nuestra reflexión sobre el trabajo en la base, centrándonos en el segundo fundamento esencial: El tiro. Hablamos de un factor que en el futuro condicionará enormemente la evolución de los jóvenes baloncestistas. Porque hay unos pasos realmente difíciles de dar si no se domina el arte de tirar. Porque, sencillamente, hay otros que resultarán imposibles para el jugador que no ofrezca garantías en el tiro. Sin embargo, lo que es básico, paradójicamente pasa a un plano peligrosamente secundario en el proceso formativo. Porque incluso se fomenta, en aras de la efectividad del conjunto, la casi supresión del tiro puesto que las bandejas ofrecen unas posibilidades de éxito mucho mayores. No es infrecuente escuchar en la grada de cualquier partido de base-y de verdad, yo veo unos cuantos-la frase “entra a canasta” en el momento que uno de los jóvenes contendientes efectúa un tiro fuera de la zona. Grave error, porque, con el paso de categorías, las verdaderas posibilidades de entrar a canasta o de pasar bien o de generar espacios, en definitiva DE AMENAZAR A LA DEFENSA, vendrán de la capacidad de tirar y meter. Ahí entra la labor del entrenador-profesor-maestro. El tiro es comodidad, es cierto, pero también lo es el que el tiro es precisión. La comodidad se logra a partir de las condiciones físicas del jugador; la precisión a partir de la correcta enseñanza de la técnica. Una técnica que requiere paciencia y método. Lo más fácil es buscar excusas, porque estas siempre aparecen de sobra.
En un fundamento que depende tanto de las paradas, de la fuerza, de la potencia de piernas, de la sensibilidad, del tacto, todo parece aliarse para que esa precisión parezca casi imposible de encontrar en los jóvenes jugadores. Pues bien, hay que buscarla, y, además, encontrarla, mediante un método que permita la progresión correcta para que cuando todos los factores se conjuguen, el tiro fluya como algo natural, preciso, cómodo. Enseñar a parar bien-sin parar, difícilmente se podrá hacer algo en un juego de cambios de ritmo y dirección, de paradas y arrancadas-, tanto en uno como en dos tiempos. Ir poco a poco mostrándole al jugador cómo convertir todas las paradas en dos tiempos en paradas en un único tiempo. La colocación del cuerpo, el añadirle al mismo el balón como una parte más y no como un factor externo, la posición del codo, la de la muñeca, la salida de la pelota, el uso de las yemas de los dedos, el equilibrio, la confianza, la fuerza necesaria para cada tipo de tiro, la capacidad de recibir ya preparado para tirar, los trucos que convierten a un buen tirador en un auténtico killer. En fin, todos los ingredientes para lograr que el tiro se domine como lo que es: Un paso clave y esencial en el proceso formativo.
No es fácil, por eso no abundan los buenos tiradores. Pero, de verdad, es posible siempre y cuando sepamos separar lo esencial de lo accesorio, siempre que comprendamos cuándo y cómo debemos exigir al joven tirador algo sin mirar para otro lado y dejarlo pasar. A mi, hace ya unos cuantos años, me lo enseñó José Antonio Figueroa-maestro- cuando me dijo: “Claro que no es sencillo, pero qué vas a esperar de un juego dónde se para en un tiempo y se hacen reversos, cuando en la vida real se para en dos cuando te llaman y se pasan los obstáculos sin girarse”. Tenía razón. Además, siempre les podremos mostrar videos de Ray Allen, José María Margall, Michael Jordan o tantos otros buenos tiradores-metedores de nuestro deporte. Que para eso los tenemos.
De verdad, no es sencillo enseñar a tirar bien, pero merece la pena intentarlo, hacerlo. Porque si tiran bien y pasan bien, ya tenemos gran parte del camino recorrido. Merece la pena, por nuestros jóvenes jugadores y jugadoras. Saludos. Nos vemos en los pabellones.
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